El reconocido periodista y presentador colombiano murió en Medellín a los 74 años. Su trayectoria estuvo marcada por grandes coberturas, entrevistas históricas y por haber conducido el recordado ‘Noticiero de las 7’. Pero detrás de las cámaras también libró una batalla que estuvo a punto de quitarle la vida: sobrevivió a un cáncer, una grave peritonitis, varios paros cardíacos y meses en coma.

El periodismo colombiano está de luto. Juan Guillermo Ríos, uno de los comunicadores más reconocidos de su generación, murió en Medellín después de una vida dedicada a contar historias y de haber atravesado uno de los episodios de salud más difíciles que pueda enfrentar una persona.

Ríos tenía 74 años y su fallecimiento fue confirmado por su hijo, el periodista Andrés Ríos. De acuerdo con la información conocida, el comunicador venía siendo atendido por varias enfermedades y murió rodeado de sus seres queridos.

Su partida deja un enorme vacío en la radio y la televisión colombianas, pero también una historia que va mucho más allá de sus años frente a las cámaras.

Porque Juan Guillermo Ríos no solamente fue el hombre que durante los años 80 logró convertirse en uno de los rostros más reconocidos de las noticias en Colombia.

También fue un hombre que, décadas atrás, estuvo al borde de la muerte y que después de sobrevivir decidió mirar la vida de una manera completamente diferente.

Una carrera que comenzó en la radio

Juan Guillermo Ríos nació en Medellín en 1951 y creció en el barrio Manrique.

Fue el cuarto de once hermanos y desde muy joven encontró en el periodismo la profesión que terminaría marcando toda su vida.

En 1970 comenzó a trabajar en Caracol Radio, dando los primeros pasos de una carrera que posteriormente lo llevaría a la televisión, la prensa escrita, la docencia y diferentes responsabilidades dentro de los medios de comunicación.

Estudió en la Universidad de Antioquia y también realizó estudios en Bélgica.

Pero su nombre comenzaría a hacerse realmente conocido en todo el país durante la década de los años 80.

El hombre que logró paralizar a Colombia frente al televisor

En una época en la que Colombia tenía pocos canales de televisión y no existían las redes sociales ni internet, los noticieros tenían una influencia enorme sobre la opinión pública.

Y Juan Guillermo Ríos consiguió algo que pocos periodistas han logrado: convertirse en una figura reconocible para millones de colombianos.

Entre 1984 y 1985 estuvo al frente del histórico ‘Noticiero de las 7’, espacio en el que alcanzó niveles de audiencia extraordinarios. Algunas mediciones y reportes de la época hablan de porcentajes superiores al 70 % de la audiencia televisiva e incluso de registros que llegaron a acercarse al 80 % o más.

Su manera de presentar las noticias, su personalidad y su estilo frente a las cámaras hicieron que rápidamente se convirtiera en uno de los periodistas más conocidos del país.

Había una frase que se convirtió en su sello personal y con la que acostumbraba cerrar sus emisiones:

“Paz, amor y buen genio”.

La expresión terminó siendo prácticamente inseparable de su nombre.

Una entrevista que marcó su carrera

Entre las historias que ayudaron a construir su reputación estuvo una entrevista con Jaime Bateman Cayón, uno de los principales dirigentes del M-19.

Ríos logró entrevistarlo en las selvas del sur del país, una conversación que posteriormente sería recordada como uno de los momentos importantes de su trayectoria periodística.

A lo largo de su carrera también cubrió hechos de enorme relevancia para Colombia y entrevistó a importantes personajes de la política, el deporte y la cultura.

Entre las figuras que llegó a entrevistar estuvieron Diego Armando Maradona, Roberto Gómez Bolaños ‘Chespirito’ y diferentes presidentes latinoamericanos, además de participar en coberturas de algunos de los acontecimientos más importantes de su época.

También recibió tres premios Simón Bolívar, uno de los reconocimientos más importantes del periodismo colombiano.

Pero la fama también tuvo un precio

La historia profesional de Ríos no estuvo libre de momentos difíciles.

En 1982 fue secuestrado por integrantes del M-19.

Posteriormente, en 1985, enfrentó un episodio de censura que afectó su carrera televisiva. También creó su propia programadora, Notivisión, y posteriormente pasó por diferentes medios e instituciones.

Trabajó en Caracol Radio, Caracol Televisión y la revista Semana, además de dirigir las emisoras de la Policía Nacional.

También ejerció como docente y fue asesor de la Universidad Sergio Arboleda.

Pero sería años después cuando enfrentaría el desafío más grande de su vida.

El diagnóstico que cambió todo

En 1998, Juan Guillermo Ríos fue sometido a una cirugía para retirarle un cáncer en el riñón.

Lo que inicialmente podía parecer una intervención médica terminó desencadenando una cadena de complicaciones que puso su vida en riesgo.

Después de la operación sufrió una perforación en el colon y posteriormente una peritonitis severa, que terminó provocando una falla sistémica.

Su organismo comenzó a colapsar.

La situación llegó a tal punto que sufrió varios paros cardíacos y entró en un coma profundo.

Años después, el propio Ríos contó que los médicos llegaron a advertirle a su familia que las posibilidades de recuperación eran mínimas.

“Es mejor que él se muera”

En una entrevista concedida al programa ‘Los Informantes’, Ríos recordó con crudeza lo que los médicos llegaron a decirle a sus hijos.

Según contó, los especialistas les advirtieron que posiblemente no volvería a caminar, ver ni escuchar y que tendría una vida muy limitada.

Incluso se llegó a discutir con la familia la posibilidad de retirarle el soporte vital.

Pero hubo una persona que se opuso.

Su madre.

Ríos contó que su mamá decidió que no debían desconectarlo.

Me salvé por un voto, el de mi mamá”, recordó años después al hablar de aquel momento.

Esa decisión terminó siendo determinante en una historia de supervivencia que el propio periodista describiría posteriormente como un verdadero milagro.

Casi cinco meses en coma

La recuperación de Ríos fue larga y extremadamente complicada.

El periodista contó que permaneció casi cinco meses en coma y que pasó prácticamente el resto de ese año en una Unidad de Cuidados Intensivos.

La experiencia fue devastadora.

Estaba permanentemente conectado a equipos médicos, no podía hablar y recibía alimentación intravenosa.

En medio de aquella situación llegó a pensar que no quería continuar viviendo de esa manera.

Según relató, llegó a permanecer cerca de un año con el abdomen abierto debido a las complicaciones posteriores a la cirugía.

Fue sometido a numerosos procedimientos médicos y, según su propio testimonio, enfrentó más de 40 cirugías, tres infartos y cuatro paros respiratorios.

Salió de la UCI pesando apenas 29 kilos

Contra todos los pronósticos, Ríos sobrevivió.

Cuando finalmente pudo salir de la Unidad de Cuidados Intensivos, su estado físico era extremadamente delicado.

Pesaba apenas 29 kilos.

Los médicos y enfermeras que lo habían acompañado durante aquellos meses hicieron una especie de calle de honor para despedirlo cuando salió de la UCI.

Era el comienzo de una segunda vida.

Y el periodista decidió aprovecharla.

Con el paso del tiempo recuperó el habla, la visión y la audición.

También tuvo que aprender nuevamente a caminar y adaptarse a un cuerpo que había quedado marcado por decenas de intervenciones.

“Al año volví a hablar, volví a ver bien y volví a oír”, recordó años después.

La enfermedad cambió su manera de entender la vida

Después de sobrevivir, Juan Guillermo Ríos comenzó a hablar de su experiencia desde una perspectiva diferente.

La fama, el poder, el dinero y el reconocimiento dejaron de tener para él el mismo significado.

En sus entrevistas reconoció incluso que durante la época de mayor éxito había cambiado personalmente.

Llegó a decir que se había convertido en una persona antipática y poco humana y que había terminado creyéndose el personaje que había construido alrededor de su fama.

La enfermedad lo obligó a replantearse muchas de esas cosas.

Después de haber estado a punto de morir, comenzó a hablar con mayor frecuencia de la gratitud, el amor, la paz y la oportunidad de estar vivo.

“Soy un enamorado de la vida”

En aquella conversación con ‘Los Informantes’, Ríos habló de su recuperación con una frase que resume buena parte de la transformación que experimentó.

Después de sobrevivir a tantos procedimientos y complicaciones médicas, dijo sentirse agradecido por la posibilidad de continuar viviendo.

Se definió como “un enamorado del amor, de la vida y de la gratitud, de la paz”.

Esa visión terminó convirtiéndose en una de las facetas más importantes de su historia personal.

El periodista que alguna vez había estado frente a millones de colombianos contando las noticias ahora tenía otra historia que contar: la suya.

Sus memorias quedaron como legado

En 2022, Juan Guillermo Ríos publicó junto a su hijo Andrés el libro ‘Memorias con Paz y Amor y Buen Genio’.

El título hacía referencia precisamente a la frase que había utilizado durante años para despedir sus emisiones de noticias.

En esas memorias quedaron registradas diferentes etapas de su vida, su carrera profesional, sus momentos de éxito y también las dificultades que tuvo que enfrentar.

Fue una manera de dejar escrita una historia que durante décadas había permanecido principalmente detrás de las cámaras.

Incluso habló de cómo quería ser recordado

Durante la presentación de sus memorias le preguntaron a Ríos qué epitafio le gustaría tener algún día.

Su respuesta fue sencilla y muy relacionada con la profesión que ejerció durante toda su vida:

“Aquí yace Juan Guillermo Ríos, profesión: reportero y periodista”.

Y agregó la frase que había acompañado buena parte de su carrera:

“Paz, amor y buen genio”.

Hoy, después de conocerse su muerte en Medellín, aquellas palabras adquieren un significado especial.

Más de cinco décadas contando historias

La trayectoria de Juan Guillermo Ríos se extendió durante más de cinco décadas.

Pasó por la radio, la televisión y la prensa escrita.

Fue reportero, presentador, director, empresario de medios, docente y asesor.

Pero sobre todo fue un periodista que vivió algunos de los momentos más intensos de la historia reciente de Colombia.

Vivió el auge de la televisión nacional, enfrentó amenazas y un secuestro, cubrió hechos relacionados con grupos armados, entrevistó a personajes históricos y alcanzó niveles de audiencia que difícilmente se han vuelto a repetir.

Y también tuvo que comenzar prácticamente desde cero después de sobrevivir a una enfermedad que, según sus propios médicos, podía dejarlo sin capacidad para caminar, hablar, ver o escuchar.

Una vida marcada por las segundas oportunidades

La muerte de Juan Guillermo Ríos no solo deja el recuerdo del presentador que aparecía cada noche en televisión.

Deja también la historia de un hombre que tuvo que luchar por una segunda oportunidad.

El cáncer, la peritonitis, los paros cardíacos, el coma y las más de 40 cirugías pudieron haber terminado con su vida décadas atrás.

Pero sobrevivió.

Y durante los años posteriores decidió hablar de esa experiencia, no desde el miedo, sino desde la gratitud.

Su historia terminó convirtiéndose en un mensaje sobre el valor de la vida y sobre la importancia de aprovechar el tiempo después de haber recibido una segunda oportunidad.

El periodismo colombiano despide a uno de sus grandes nombres

Juan Guillermo Ríos murió en Medellín a los 74 años, dejando atrás una carrera que comenzó en 1970 y que atravesó varias generaciones del periodismo colombiano.

Su hijo Andrés confirmó la noticia y colegas de diferentes medios comenzaron a recordar su trayectoria.

Para muchos, será recordado como el hombre que logró llevar el periodismo a millones de hogares en una época en la que la televisión era el principal medio de información.

Para otros, quedará como el periodista que después de conocer la fama, el éxito y también el dolor, aprendió a mirar la vida de otra manera.

Su despedida deja una frase que resume buena parte de su legado y que acompañó su voz durante tantos años:

Paz, amor y buen genio.