El potencial de los yacimientos no convencionales podría ampliar de manera significativa la autosuficiencia energética del país. Campetrol advierte que Colombia lleva 12 años discutiendo el fracking mientras sus reservas actuales continúan disminuyendo.
Colombia podría multiplicar de manera considerable la duración de sus reservas de gas natural si logra desarrollar el potencial de los yacimientos no convencionales, especialmente en regiones como el Valle Medio del Magdalena y la cuenca Cesar-Ranchería.
La posibilidad vuelve a estar en el centro del debate energético nacional, en momentos en que el país enfrenta una reducción de sus reservas convencionales de gas y aumenta la preocupación por una eventual dependencia de las importaciones.
La Cámara Colombiana de Bienes y Servicios de Petróleo, Gas y Energía, Campetrol, ha insistido en que Colombia lleva alrededor de 12 años discutiendo la posibilidad de desarrollar el fracking sin que el país haya logrado avanzar hacia una explotación comercial de estos recursos.
La cifra que más llama la atención es el potencial de hasta 70 años de autosuficiencia en gas que podrían representar los recursos no convencionales identificados en diferentes zonas del territorio nacional. Sin embargo, esta cifra corresponde a un potencial estimado y no significa que Colombia tenga actualmente 70 años de reservas probadas listas para ser explotadas.
El problema de las reservas actuales
El debate ocurre mientras las reservas convencionales de gas vienen perdiendo capacidad para garantizar el abastecimiento nacional.
Campetrol ha advertido sobre la caída de la actividad exploratoria. Según cifras divulgadas por el gremio, Colombia pasó de perforar alrededor de 140 pozos de gas en 2014 a cerca de 30 en 2025, una reducción que compromete la reposición de las reservas.
En marzo de 2026, Campetrol también alertó sobre un segundo año consecutivo de reducción de las reservas de hidrocarburos. Con base en cifras de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, el gremio señaló que la relación reservas probadas/producción de gas había caído a 6,1 años en 2023, frente a 7,2 años el año anterior.
Esto significa que el país necesita encontrar nuevas fuentes de gas si quiere mantener su autosuficiencia energética durante las próximas décadas.
¿De dónde podrían salir esos recursos?
Una de las zonas que concentra mayor atención es el Valle Medio del Magdalena, donde existen importantes recursos de gas y petróleo atrapados en formaciones de baja permeabilidad.
También aparece la cuenca Cesar-Ranchería, entre los departamentos de Cesar y La Guajira, además de otras áreas con potencial como el Catatumbo.
Estimaciones divulgadas por el sector han planteado que el desarrollo de los yacimientos no convencionales podría permitir que Colombia aumente considerablemente el tiempo durante el cual podría garantizar su propio suministro de gas.
Una estimación previa de Ecopetrol calculó que el potencial de diferentes zonas del país podría alcanzar hasta 28 TCF de gas, una cantidad que, bajo determinados escenarios de producción, equivaldría a cerca de 70 años de autosuficiencia.
Doce años de discusión
El problema es que Colombia lleva años atrapada en una discusión jurídica, política, ambiental y social alrededor del fracking.
La técnica consiste en realizar fracturamiento hidráulico de las rocas del subsuelo mediante la utilización de agua, arena y otros componentes inyectados a alta presión para liberar los hidrocarburos atrapados en formaciones no convencionales.
Sus defensores sostienen que podría permitir recuperar importantes cantidades de petróleo y gas y contribuir a recuperar la seguridad energética del país.
Sus críticos, en cambio, advierten sobre los posibles impactos ambientales, especialmente por el uso intensivo de agua, la gestión de residuos y los riesgos asociados a la operación.
El debate también ha estado marcado por demandas, decisiones judiciales, consultas con comunidades y dificultades regulatorias que han impedido que los proyectos avancen al ritmo esperado por la industria.
El nuevo Gobierno vuelve a poner el fracking sobre la mesa
La llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia volvió a poner el fracking en el centro de la política energética.
Durante la campaña, el hoy presidente manifestó su intención de avanzar con esta técnica, aunque planteó restricciones para ecosistemas considerados especialmente sensibles, como los páramos y los santuarios de agua.
El sector petrolero considera que existe una oportunidad para destrabar proyectos que llevan años esperando decisiones.
De hecho, ya se habla de la posibilidad de que la compañía Drummond Energy comience en 2027 las primeras perforaciones de yacimientos no convencionales en la cuenca Cesar-Ranchería, como parte de contratos existentes con la Agencia Nacional de Hidrocarburos.
¿Gas para 70 años o una promesa todavía por comprobar?
La gran discusión está precisamente allí.
Hablar de 70 años de gas puede resultar impactante, pero no significa que esas cantidades estén actualmente clasificadas como reservas probadas y disponibles para consumo inmediato.
Existe una diferencia fundamental entre recursos potenciales, recursos técnicamente recuperables y reservas probadas. Para convertir un recurso potencial en una reserva comercial se necesita exploración, perforación, evaluación técnica, viabilidad económica, permisos ambientales y desarrollo de infraestructura.
Por eso, la cifra de 70 años representa un escenario potencial y no una garantía de que Colombia vaya a disponer automáticamente de gas durante siete décadas.
Aun así, para el sector petrolero representa una oportunidad que, según sus argumentos, el país no debería seguir aplazando mientras las reservas convencionales disminuyen.
La decisión que tendrá que tomar Colombia
El debate sobre el fracking ya no se limita a una discusión entre quienes están a favor o en contra de la técnica.
También está relacionado con una pregunta estratégica para el país: ¿cómo garantizar el suministro de gas durante las próximas décadas mientras avanza la transición energética?
Colombia tiene actualmente reservas convencionales limitadas y la exploración ha perdido dinamismo. Al mismo tiempo, la demanda de gas continúa siendo relevante para los hogares, la industria y la generación eléctrica.
Por eso, el desarrollo de los yacimientos no convencionales podría convertirse en una de las decisiones energéticas más importantes de los próximos años.
El Gobierno tendrá que definir hasta dónde está dispuesto a avanzar, mientras la industria presiona por acelerar los proyectos y los sectores ambientales y sociales mantienen sus reparos frente a los posibles impactos.
Por ahora, una cosa está clara: Colombia lleva más de una década discutiendo el fracking y el potencial de sus yacimientos no convencionales continúa bajo tierra.
La pregunta ya no es solamente cuánto gas podría tener el país, sino cuánto tiempo más está dispuesto a esperar para decidir qué hacer con él.

