Fuente: Periódico El Pilón- Valledupar.

Valledupar, Cesar — En pleno corazón vallenato, donde el mercurio puede superar fácilmente los 30 °C y la sensación térmica obliga a buscar sombra cada tarde, un grupo de arquitectos y expertos urbanos lanzó una crítica contundente: no tiene sentido que la planeación de la ciudad siga modelos diseñados para climas fríos, con estructuras, espacios públicos y conceptos pensados para Bogotá o Medellín.

La reflexión fue planteada por el arquitecto y magíster en Intervención Sostenible en el Medio Construido, Jorge Andrés Ortiz Rodríguez, al abrir la novena edición del Foro del Árbol, evento que reunió a decenas de profesionales y ciudadanos interesados en el desarrollo urbano de Valledupar.

Según Ortiz, muchos profesionales de la construcción llegan con una formación basada en climas templados y fríos, y al aplicarla en una ciudad calurosa como Valledupar —considerada por el IDEAM como una de las zonas de clima cálido-seco del país— se genera un desajuste entre la infraestructura y las necesidades reales de la gente.

“¿De qué sirve un espacio público amplio si hace tanto calor que nadie puede disfrutarlo?”, cuestionó. Mientras las calles y plazas se diseñan como si fueran para climas agradables, la dura realidad del sol caribe obliga a muchos a resguardarse en casa o vivir detrás del aire acondicionado, lo que limita el derecho a la ciudad y a disfrutar los espacios urbanos.

Los expertos hacen énfasis en una solución aparentemente simple pero profundamente transformadora: integrar el arbolado urbano desde el diseño mismo de los barrios, no como añadido ornamental, sino como elemento estructural que reduzca la temperatura ambiente entre 2 y 8 °C gracias a la sombra y a la evapotranspiración natural de los árboles.

Ortiz subrayó que, en ciudades calientes como Valledupar, mantener y proteger los árboles existentes no es un lujo, sino una necesidad. Reemplazar el verde por cemento sin pensar en su impacto térmico aumenta la sensación de bochorno y desconecta a las personas de los espacios que supuestamente deberían ser parte de su vida diaria.

En ese sentido, el llamado fue claro: invertir la lógica urbanística tradicional, adaptando el crecimiento de la ciudad a su naturaleza climática y no al revés, para que Valledupar deje de sentirse como una ciudad “transferida” desde climas fríos y empiece a construirse en sintonía con su propio calor tropical.