Por. D.Manco.

Un nuevo episodio de confrontación política se registró en Colombia luego de que el presidente Gustavo Petro respondiera públicamente a fuertes señalamientos del abogado y dirigente político Abelardo de la Espriella, quien lo calificó como “la basura de la basura” en medio de un cruce de declaraciones.

Durante su intervención, el jefe de Estado hizo referencia al término italiano “schifo”, explicando que, según su interpretación, dentro del lenguaje de la mafia italiana se emplearía para referirse a lo más bajo, despreciable o rechazado incluso por los propios grupos criminales.

“Los schifos son, en italiano, la basura de la mafia. Así los llaman los propios mafiosos. Estoy seguro de que lo que llegó a Colombia no fue la mafia italiana, sino sus schifos”, expresó el mandatario.

La frase generó controversia inmediata en redes sociales y círculos políticos, no solo por el tono del enfrentamiento, sino por la alusión indirecta a la migración italiana en Colombia, especialmente en regiones donde históricamente esa comunidad tuvo presencia relevante.

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¿Qué significa realmente “schifo”?

Desde el punto de vista lingüístico, la palabra italiana “schifo” significa literalmente “asco”, “repugnancia” o “algo desagradable”. Es una expresión coloquial del idioma italiano que se utiliza en conversaciones cotidianas para manifestar desagrado.

No es un término técnico ni una categoría formal asociada a estructuras mafiosas. En el lenguaje común italiano, decir “che schifo” equivale a expresar rechazo o disgusto frente a algo.

Expertos en lengua italiana señalan que el término no es exclusivo del ámbito criminal, ni constituye una clasificación histórica dentro de organizaciones como la Cosa Nostra o la ‘Ndrangheta. Se trata simplemente de una palabra del vocabulario popular.

La polémica surge precisamente porque, al asociarla con la mafia y luego mencionar que “eso fue lo que llegó a Colombia”, se abre la puerta a interpretaciones sensibles en un país que recibió inmigrantes italianos que aportaron significativamente al desarrollo nacional.


La inmigración italiana en Colombia: comerciantes, artistas y pioneros

Entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, Colombia recibió oleadas de inmigrantes europeos, entre ellos italianos que llegaron principalmente a puertos del Caribe como Barranquilla, Cartagena y Santa Marta.

Lejos de estar vinculados con estructuras criminales, la mayoría eran comerciantes, empresarios, navegantes, arquitectos, músicos y emprendedores que encontraron en Colombia una tierra de oportunidades.

En la Costa Caribe, los italianos participaron en el desarrollo del comercio marítimo, la importación de mercancías, la industria, la banca y la vida cultural. Varias familias de origen italiano se integraron plenamente a la sociedad local y contribuyeron al crecimiento urbano y económico.

Un ejemplo emblemático es Floro Manco, reconocido como uno de los pioneros del cine en el país. En 1914 realizó el filme Carnaval de Barranquilla, considerado uno de los primeros registros cinematográficos nacionales. Su trabajo marcó un hito en la historia audiovisual colombiana y en la memoria cultural del Caribe.

Casos como el suyo demuestran que la inmigración italiana estuvo ligada al progreso, la cultura y la construcción de identidad nacional, no a la criminalidad.


Una comunidad que ayudó a construir país

Historiadores coinciden en que la migración italiana hacia Colombia fue relativamente pequeña en número comparada con la de otros países latinoamericanos como Argentina o Brasil. Sin embargo, su impacto fue significativo en sectores estratégicos.

En ciudades como Barranquilla, los inmigrantes europeos —incluidos los italianos— impulsaron el comercio internacional, ayudaron a modernizar infraestructuras y participaron activamente en la vida social y empresarial.

En el ámbito cultural, dejaron huella en la música, el cine, la arquitectura y el periodismo. Muchos de ellos se mezclaron con familias locales y formaron generaciones de colombianos que hoy hacen parte integral de la sociedad.

Por ello, algunos sectores han considerado necesario aclarar que la inmigración italiana en la Costa Caribe y en otras regiones del país estuvo compuesta mayoritariamente por personas trabajadoras, sin vínculos con organizaciones mafiosas.


Debate político y responsabilidad del lenguaje

El episodio entre el presidente Petro y Abelardo de la Espriella se enmarca en un contexto de alta polarización política. El intercambio verbal refleja la intensidad del debate público en Colombia, donde los enfrentamientos retóricos suelen escalar rápidamente.

No obstante, el uso de referencias históricas o culturales en medio de disputas políticas puede generar interpretaciones amplias y controversias innecesarias, especialmente cuando involucran comunidades migrantes que forman parte de la identidad nacional.

Analistas consideran que este caso evidencia la importancia del cuidado en el lenguaje, particularmente cuando se mencionan términos extranjeros o se alude indirectamente a procesos migratorios históricos.


Más allá de la confrontación

Más allá del cruce político, el episodio abre una conversación sobre memoria histórica, migración y construcción de nación. Colombia ha sido un país receptor de distintas comunidades extranjeras que contribuyeron a su desarrollo económico y cultural.

La historia demuestra que los italianos que llegaron a la Costa Caribe y otras regiones no lo hicieron como mafiosos, sino como comerciantes, artistas y emprendedores que ayudaron a forjar ciudad y país.

La polémica actual pone sobre la mesa la necesidad de separar el debate político coyuntural de la realidad histórica, recordando que las comunidades migrantes han sido parte esencial del tejido social colombiano.