La convocatoria en la Plaza de la Paz generó expectativa en redes sociales, pero el evento tuvo un desarrollo distinto al que muchos imaginaban.
En la tarde del jueves, la Plaza de la Paz, en Barranquilla, fue escenario de un encuentro que había despertado gran interés en redes sociales: una reunión de personas que se identifican como “therians”. La convocatoria prometía un espacio de diálogo y convivencia entre jóvenes que afirman tener una conexión espiritual o simbólica con animales.
Sin embargo, lo que se vivió en el lugar fue diferente a lo que se había anunciado inicialmente.
Desde tempranas horas comenzaron a llegar curiosos, creadores de contenido y ciudadanos interesados en observar el fenómeno. También hicieron presencia algunos activistas por los derechos de los animales, quienes aprovecharon el espacio para enviar mensajes sobre el respeto y la protección de las especies. Entre ellos, hubo quienes asistieron con maquillaje o elementos alusivos a animales, señalando que más allá de una tendencia, el encuentro debía servir para promover la empatía y rechazar el maltrato animal.
Asimismo, al lugar se acercaron personas con posturas religiosas, algunas con la intención de dialogar y otras simplemente para conocer de primera mano qué estaba ocurriendo. La mezcla de miradas —entre expectativa, curiosidad y cuestionamientos— marcó el ambiente de la jornada.
A pesar de la amplia difusión en redes sociales, no se evidenció una participación masiva u organizada de personas que se identificaran abiertamente como “therians”. En cambio, el encuentro terminó convirtiéndose en una especie de punto de reunión donde predominó la grabación de videos, comentarios en vivo para plataformas digitales y debates improvisados entre asistentes.
El término “therian” hace referencia a personas que sienten una identificación profunda, espiritual o simbólica con un animal específico. No se trata de creer literalmente que se es un animal, sino de una percepción interna de conexión con ciertas características o comportamientos asociados a una especie.
Lo ocurrido en Barranquilla deja en evidencia cómo las convocatorias virales pueden transformarse al pasar del mundo digital al espacio público. Lo que comenzó como un supuesto gran encuentro terminó siendo un escenario de curiosidad colectiva, conversación abierta y múltiples interpretaciones sobre una subcultura que, para muchos, sigue siendo desconocida.

